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Perdonar para alcanzar el perdón, la paz y el gozo de Dios.

” Y Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial;

mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.”

(Mt 6:12,14-15)

Tal vez algunos de nosotros nos identificamos con estas expresiones en el pasado o en la actualidad:

  • ¿Perdonarlo? ¿Después de lo que me hizo? ¡Nunca!
  • ¿Perdonarme? ¡Usted no sabe lo que he hecho!… ¿Cómo puede Dios perdonarme?
  • ¡Nunca podré perdonarme a mí mismo!

 Cuando usamos expresiones como estas es porque simplemente no entendemos el perdón de Dios y no entender esto nos lleva a una esclavitud espiritual y emocional que trae consigo tristeza, remordimientos, raíces de amargura y depresiones destructivas para nosotros y para otros. Este tipo de esclavitud tristemente azota a muchas familias, amigos y un sinnúmero de personas que nos rodean por no haber tomado la decisión de perdonar en su vida y a cambio haber decidido retener el rencor en sus corazones.

¿Qué es el perdón?:

Para poder perdonar a otros y a nosotros mismos tenemos que entender el concepto del perdón desde el punto de vista de Dios, desde el punto de vista Bíblico y no desde la perspectiva humana y egoísta.

El perdón según lo que nos enseña Dios en la Biblia no es un sentimiento sino una decisión, pues es claro que Dios no pone sentimientos como mandamientos. Cuando Dios nos da el mandato de perdonar es porque ÉL sabe que ÉL nos ha dado la capacidad de perdonar. Dios nos ha dado libre albedrio para tomar decisiones. En nosotros hay la capacidad de perdonar a otros y de perdonarnos a nosotros mismos o de guardar rencor y resentimientos destructivos para nuestra alma si así lo escogemos.

Si no perdonamos no seremos perdonados.

Jesús nos enseñó que el perdón de Dios está condicionado a que perdonemos a otros sus ofensas cuando dijo “Si no perdonamos a los hombres sus ofensas, entonces nuestro Padre Celestial no nos perdonará a nosotros”. Quizá nuestro propio orgullo nos lleve a preguntarnos ¿Porque debo perdonar? pero la respuesta es simple: Debo perdonar Porque he sido perdonado para perdonar. El Señor Jesús también declaró que “Porque si perdonamos a los hombres sus ofensas también nuestro Padre Celestial nos perdonará a nosotros”.

¿Qué pasa si no perdono? (Marcos 11:24-26)

La falta de perdón perjudica mi oración y mi paz con Dios. La falta de perdón nos lleva a la opresión, a la muerte espiritual afectando todas las áreas de nuestra vida. La falta de perdón puede ser según algunos médicos la raíz de algunas enfermedades y aún de algunas adicciones. Dios quiere que perdonemos para que así podamos alcanzar su perdón, su paz y su gozo y así ser libres de toda condenación, culpa, remordimiento, depresión y raíces de amargura que afecten nuestra vida y la de aquellos a quienes amamos.

¿Cómo perdonar?

Reconoce cuanto Dios te ha perdonado.

Acepta el perdón de Dios para ti.

Recuerda que la lucha no es contra personas.

Decide perdonar. No esperes el momento de sentir perdonar, simplemente decide perdonar.

Olvida las excusas que existen para no perdonar, tales como:

Es señal de debilidad.

Es darle la razón a la otra persona.

Si perdono tengo que seguir aguantando.

Recibe el perdón de Dios  

Si todavía no has recibido el perdón de Dios esta es la oportunidad para hacerlo. No lo pospongas para después. Jesús no vino al mundo por un capricho personal, vino porque el mundo necesitaba un salvador. El Señor Jesús entregó su vida por nosotros en la cruz para darnos vida eterna, el aceptarlo como el Señor y Salvador de nuestras vidas es el único camino para nuestra salvación. Es imposible alcanzar la vida eterna a través de una religión, cualquiera que sea, o de nuestras propias obras. Solo aceptándolo por fe y viviendo para Jesús alcanzamos la paz y la salvación.”

¿Ya aceptaste a Jesús como el Salvador de tu vida?

La Biblia nos dice en el libro de Romanos en el capítulo 3:23-24 que todos los seres humanos estamos condenados a estar separados de la gloria y la presencia de Dios por toda la eternidad a causa de nuestros pecados. Pero Dios, en su amor y misericordia hacia nosotros, nos regaló la salvación eterna gratuitamente, justificandonos mediante la redención que es en Cristo Jesús. Jesús murió por nuestros pecados, derramando su sangre en el madero para pagar por nuestras deudas y resucitó al tercer día dándonos vida eterna. La Biblia nos enseña que la salvación no es por obras humanas, no es a través de una religión o por medio de algo que pueda hacer el hombre. Tan solo podemos ser salvos por la gracia a través de la fe en el sacrificio de Jesucristo. Romanos 10:9-11 nos declara que si confesamos a Jesús con nuestros labios, creyendo en nuestro corazón seremos salvos. Todo aquel que en Él creyere será salvo y no será avergonzado.

Si todavía no has aceptado a Jesús como el Señor y Salvador de tu vida  y ese es tu deseo, puede hacerlo en este momento orando así:

Padre celestial, reconozco y confieso que soy pecador y me arrepiento de todos mis pecados. Te agradezco por amarme así tal cual soy yo; creo en tu hijo Jesús quien murió en la cruz por todos mis pecados y quien resucitó al tercer día para darme vida eterna. Señor Jesús confieso con mis labios y con mi corazón que creo en ti y te acepto como mi Salvador y mi Señor. Haz de mí la persona que tú quieras. Toma control absoluta de todas mis acciones. Gracias por la salvación y la vida eterna que me regalas. En el nombre del Señor Jesús. Amén.

Ahora que has aceptado al Señor Jesús busca una iglesia de sana doctrina donde se predique el evangelio de Jesucristo. Una iglesia sana (No hay iglesia perfecta) donde puedas conocer a Dios más profundamente y vivir en la libertad que te dio Cristo.

Pastor Edisson Otálvaro. 

Iglesia Cristiana la Cosecha, Phoenix, Arizona

lacosechaAZ@gmail.com