La Cosecha IGLESIA CRISTIANA (Phoenix, Arizona)
IGLESIA CRISTIANA (Phoenix, Arizona)

3 Consejos Bíblicos para corregir a nuestros hijos

Introducción:

Uno de los desafíos más grandes que enfrentan los padres es la corrección que tienen que ejercer sobre sus hijos. Ante este reto, muchas veces, tienen que encarar la realidad de que no saben cómo confrontar las actitudes y las acciones de ellos. Muy a menudo, papá y mamá, no solo tienen que enfrentarse ante el comportamiento de sus vástagos, sino que, además, tienen que enfrentar las opiniones y presiones de otras personas. Algunos padres terminan reprendiendo a sus hijos basados en las emociones, en las presiones o en las meras circunstancias, frecuentemente, tomando medidas de las cuales se arrepienten más adelante. Otros padres simplemente toman el camino de la indiferencia y no ejercen su autoridad para evitar el drama haciéndole daño a la formación del carácter de sus hijos. Cuando los padres no saben o no se disponen a corregir a sus hijos desde la niñez, esos hijos, más adelante en la vida, serán corregidos por las consecuencias de su mal comportamiento o por un juez en un tribunal.

La Biblia nos enseña muchos principios que nos guían en cómo, cuándo y en qué momento nuestros hijos deben ser corregidos. Aquí tan solo presentamos tres de ellos que nos van ayudar a corregir a nuestros hijos adecuadamente.

1. No delegar esa responsabilidad a otros. (Efesios 6:4)

Antes de tener hijos yo le dije a mi esposa que cuando tuviésemos hijos y uno de ellos se comportara mal durante el día, ella tenía el deber de corregirlos y no amenazarlos con la célebre frase “le voy a decir a su padre cuando él vuelva” porque lo que menos yo quería era que mis hijos asociaran mi presencia con castigo y reprimenda, y al contrario, mi presencia fuera motivo de alegría para ellos. Cada padre y madre tiene la responsabilidad delante de Dios de corregir a sus hijos e hijas. Es una realidad que muchos tienen que trabajar y pasan muy poco tiempo de calidad con su familia y lo que menos quieren es usar ese tiempo para disciplinar, pero la Biblia nos enseña que es una responsabilidad que no podemos evitar. Dios sabe que los padres pueden ser dotados de la paciencia, el amor y el deseo correcto de corregir a sus hijos en la gracia y en la Palabra de Dios para que su autoestima y su carácter no sean destruidos.

2. No reprenderlos con ira. (Proverbios 19:18-19)

A veces se cometen muchos errores a la hora de reprender a los hijos causando resentimiento en ellos, culpabilidad en los padres e inclusive división en la familia. Un error común es permitir que nuestras emociones interfieran en nuestra disciplina. Algunas veces, elementos como la impaciencia, la ira, la frustración lleva a los padres a desatar su ira sobre sus hijos e hijas trayendo dolor y confusión en sus corazones. Por ejemplo, en algunas ocasiones los padres pasan por alto el mal comportamiento de sus hijos durante el día y horas más tarde ante un error accidental, que no merece consecuencias, dan un castigo que es mayor que el delito cometido. Una corrección basada en la falta de dominio propio, en las emociones, en la impaciencia y en la frustración es muy destructiva para el carácter y la confianza propia de nuestros hijos. Una corrección que no esté fundamentada en los principios de la Biblia y más bien está cimentada en el alma puede causar que los padres hieran a sus hijos física, verbal y espiritualmente trayendo dolor y disensión para toda la familia. Papá y mamá tienen que tener expectativas acordes a la edad de sus hijos y entender que ellos se van a comportar de acuerdo a su edad y a su naturaleza adánica, por lo tanto, debemos corregir a nuestros hijos en amor, paciencia y gracia así como desearíamos que Dios nuestro padre nos reprendiera y nos formara a nosotros.

3. No evitar corregirlos: (Proverbios 13:24)

La Biblia nos enseña que detener la corrección es una manifestación de aborrecimiento a nuestros hijos, más sin embargo, los padres que realmente aman a sus hijos los corrigen desde una edad temprana. A veces, el camino más fácil, pero no el más sabio, es ignorar los malos hábitos, las malas actitudes y las malas acciones de nuestros hijos. Cuando desatendemos el mal comportamiento de un hijo o una hija estamos causando un sentimiento de abandono en su corazón y estamos construyendo una mentalidad de un mundo sin consecuencias por las malas acciones. Es el deber del padre y el de la madre enseñar que las acciones e inclusive las actitudes tienen consecuencias. En la Palabra de Dios algunas veces encontramos que el término castigo es usado, pero castigo no implica propiamente una corrección física o dolorosa para el cuerpo. El castigo es una herramienta para formar el carácter de nuestros hijos, enseñarles las consecuencias de las acciones y manifestarles el amor y la gracia de Dios. Las palabras castigo y corrección son sinónimas y pueden ser ejecutadas privando a nuestros hijos de algún privilegio, o imponiéndoles alguna labor en la casa o simplemente llevándolos a reconocer su pecado y a pedir perdón a través de una conversación significativa. Nuestros hijos e hijas pueden crecer sintiéndose amados y protegidos teniendo gratos recuerdos de como fueron corregidos en amor y en gracia conforme a los principios de la Palabra de Dios.

Pastor Edisson Otálvaro. 

Iglesia Cristiana la Cosecha, Phoenix, Arizona

lacosechaAZ@gmail.com